¿Qué significa tener una relación saludable con la comida?

Construir y relacionarse con la alimentación de una manera saludable es mucho más complejo de lo que se nos ha hecho llegar a lo largo de los años. Tener una relación saludable con la comida no es depender de una pauta alimentaria. Tener una relación saludable con la comida no es una simple valoración del aspecto más fisiológico. Tener una relación saludable con la comida no se trata de un peso. Tener una relación saludable con la comida va mucho más allá. En muchas ocasiones no se trata de qué comes, sino de cómo lo comes y para qué.

Desde el punto de vista psicológico y emocional uno de los principales factores que determina nuestra salud mental es la flexibilidad. Por lo que una relación saludable con la comida se basa en la flexibilidad. Una relación saludable con la comida se basa en una consciencia y escucha activa constante que nos permita tomar las decisiones que estén en sintonía con nuestras necesidades fisiológicas y emocionales más auténticas. 

Recuperar la intuición con la alimentación es esencial y más después de largos años de normas y creencias rígidas con la alimentación, por ejemplo, a través de numerosas dietas que la han dañado por completo. Como mayor consciencia de nuestra conducta alimentaria hay, mayor intuición recuperamos con y hacia nuestro cuerpo encontrando aquellos alimentos que nos sienten mejor, digerimos mejor… nos hacen bien y nos nutren en el plano más fisiológico. Una relación saludable con la comida es, por tanto, aprender a escuchar y honrar nuestras señales de hambre y de saciedad.

Aprender a cuidarnos en la esfera alimentaria forma parte de nuestro autocuidado integral. Cuidarnos y ofrecer al cuerpo alimentos que le harán bien desde el amor y gratitud, no desde el rechazo o la obligación. Desde el amor, pero no desde la autodestrucción ni autosabotaje.

Pero, no olvidemos que la alimentación no sólo es como hemos dicho satisfacer y nutrir necesidades fisiológicas, también emocionales. Por tanto, es importantísimo poder reflexionar y aceptar que también nutrimos necesidades emocionales a través de la comida de una manera completamente adaptativa y funcional desde que somos pequeñas. De lo contrario, juzgando y entrando en conflicto con lo que forma parte de nosotras entraremos en conflicto con nuestra persona y, por tanto, elevaremos el riesgo de iniciar una relación disfuncional con la comida alimentando nuestras necesidades emocionales probablemente a través de conductas basadas en el descontrol.

Una relación saludable con la comida es también placer y disfrutar, algo que la sociedad y el contexto se ha encargado de teñir de una emoción realmente compleja, la culpa. La comida nos puede ayudar a experienciar emociones agradables, aquellas que llamamos comúnmente positivas. Y esto es genial. Un claro ejemplo puede ser cuando nos reunimos para celebrar un evento especial como es un cumpleaños, una navidad… o simplemente volver a ver a esa amiga con la que hacía días no tenías un rato de calma y cuidado al vínculo.

La alimentación abarca muchas más dimensiones que la salud física como vemos y se trata de poder lograr un equilibrio entre todas las partes para podernos encontrar en equilibrio con nosotras mismas. Un equilibrio entre las ocasiones que regalo al cuerpo nutrientes que le hacen sentir bien, las ocasiones que regalo un sabor agradable a mi paladar y las ocasiones en las que alimento mi necesidad de cariño y amor a través de aquel alimento que relaciono a mi infancia. Todo esto es un proceso que requiere sus tiempos y requiere autodescubrimiento, autoconocimiento, comprensión y amabilidad, mucha amabilidad.

Te propongo algo… y si reformulamos juntas la mirada hacia nuestra relación con la comida más allá de valoraciones de simplemente la calidad nutricional, la valoración y juicio de los alimentos, los objetivos solitarios de peso o el querer verte mejor… y si intentamos construir una mirada consciente a través de la que conozcamos y descubramos cómo nos relacionamos con la comida, aprendamos a respetar nuestras decisiones y tomemos responsabilidad de aquellas otras que nos generen interferencias o malestar y determinen nuestra vida disfuncionalmente?

Y, algo importante antes de acabar, déjame decirte que en todo este viaje es necesario que construyas un importante anclaje al que puedes volver siempre que lo necesites para empezar desde ya mismo a cuidarte como harías con esa persona que quieres tanto, un mantra realmente especial que es una gran herramienta per se. 

Ahora, te invito a repetir conmigo las siguientes afirmaciones después de una respiración profunda e incluso te invito a llevar tu mano al pecho como anclaje corporal mientras te hablas con el mayor cariño posible… lo estoy haciendo de la mejor manera posible que sé y puedo en este mismo momento, estoy en el camino de aprender a quererme mejor, estoy en el camino de reconciliarme conmigo misma y necesito regalarme tiempo y paciencia.

Vuelve a este anclaje siempre que lo necesites.

Conociendo y explorando tu relación con la comida

Nuestra relación con la comida se inicia desde que nacemos y se construye a lo largo de los años con la influencia de diferentes factores, como por ejemplo la educación alimentaria familiar o la cultura en la que vivimos. 

Para entender cómo es nuestra relación con la comida en la actualidad es importante entonces generar un ejercicio de autoconocimiento y autodescubrimiento a través de una herramienta práctica que nos pueda dirigir la mirada hasta nuestro inicio de vida y vaya recorriendo cada uno de nuestros momentos vitales para entender quién somos hoy en día y cómo y para qué nos alimentamos.

Y esta herramienta práctica es la línea de vida, una tarea que si le dedicas mimo y cariño… puede ayudarte a construir un mapa bastante completo de tu relación con la comida y contigo misma, créeme, además de identificar posibles conductas alimentarias disfuncionales que te estén generando malestar o interfiriendo. 

La línea de vida es un esquema temporal en el que se reflejan los momentos más importantes de nuestra vida: personas importantes e influyentes en diferentes aspectos, buenos recuerdos, aquello que para mí fue importante, eventos que han dejado huella emocional… Es decir, aquellos momentos vitales más relevantes como, por ejemplo, el nacimiento, eventos familiares, la época escolar, el nacimiento de familiares, cambios de escuela, de lugar de residencia o de trabajo, parejas, separaciones, las muertes de seres queridos, pérdidas materiales, etc.

Pero, además de todo ello, reflexionaremos sobre nuestra relación con la comida durante las diferentes épocas o momentos vitales. Empezando por nuestra infancia, hasta el momento actual. Por lo tanto, apuntaremos nuestras conductas alimentarias disfuncionales, como, por ejemplo: control alimentario, dietas restrictivas, ayuno, atracones, picoteo… Incluso, si te sirve, puedes anotar variaciones en tu peso en determinadas etapas vitales si para ti son significativas y tienen un trasfondo importante a revisar según tu propia intuición y conocimiento.

No hay ninguna pauta concreta más, cada cual valora la importancia de sus acontecimientos. Cada cual es experto de su vida y es libre para poner aquellos acontecimientos que piense que más han influido en su historia vital. Todo aquello que encienda una lucecita interna de intuición. Eres la mayor experta de tu vida.

El formato también es libre, puede ser en una hoja en horizontal o vertical, esquemático o más descriptivo. ¡Incluso puedes ayudarte de fotografías de esos eventos si las tienes a mano! Así que es recomendable que la creatividad aflore y dejar nuestra huella personal.

Te recomiendo que no lo intentes “completar” de una sentada. Retira el papel, duerme las ideas y emociones… vuelve a ojear. 

¿Qué sientes al respecto? ¿Te gustaría completarlo de alguna manera más? ¿Crees que has recordado algo más que es relevante y significativo para dejar anotado? 

En muchas ocasiones ocurre que a medida que se realiza el ejercicio, vamos rascando y destapando más recuerdos significativos que nos ayudan a completar esas primeras piezas del puzle que hemos puesto sobre la mesa. 

Una vez acabado, revísalo con calma, revisa cuáles son tus sensaciones internas, corporales y emocionales. Cuáles son tus intuiciones. Cuáles son las revelaciones que identificas leyendo tu propia línea de vida. 

Y ahora, ¿cómo definirías tu relación con la comida?

¡Te animo a explorar tu historia!

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